Entrevista María J. Mena, autora de ‘Relatos monocromáticos’

María J. Mena: «Relatos monocromáticos lo que pretende reflejar es la vida, con sus estridencias, notas discordantes y claroscuros, pero que hacen del conjunto un todo armónico, una imagen de nuestra sociedad en los últimos años».

La autora ha conseguido con Relatos monocromáticos «enlazar historias que sean el reflejo de nuestras individualidades». 

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Con Relatos monocromáticos María J. Mena crea una colección de historias cotidianas, reflejo de un mundo que se debate entre el blanco y el negro, entre la claridad y la sombra.
Como si de una pieza de almazuela se tratase, las narraciones se unen y entretejen para ofrecernos una visión más o menos límpida de una sociedad que deambula entre universos digitales y analógicos, entre pasados recientes y futuros cercanos, y que pugna por definir con nitidez su contorno.

Una periodista que viaja a Sarajevo, un violinista que desaparece una noche sin dejar rastro, unas flores que iluminan los lugares donde se ubican, unos retratos de la misma mujer (o quizá no), una niña vestida con un abrigo rojo que atraviesa sola un bosque o una casa que se va transformando en incertidumbre y agua son algunos de los relatos que habitan estas páginas.

María J. Mena es titulada en Trabajo Social y en Ciencias del Trabajo por la Universidad Complutense de Madrid y experta en mediación y resolución de conflictos y en cooperación internacional. La experiencia profesional y humana acumulada en esos ámbitos nutre, al menos en parte, su obra poética y narrativa: Poemas ciegos (Olé Libros, 2019) y Relatos monocromáticos (Olé Libros, 2020), además de la antología La flor en que amaneces. Volumen I (Azalea, 2020), en la que se han incluido algunos de sus versos. Publica reseñas, entrevistas y artículos literarios en medios especializados como las revistas Moon MagazinePasar Página Quimera, así como en el blog La Piedra de Sísifo.

 

  • ¿Qué va a encontrar el lector en Relatos monocromáticos?

Espero que un texto ameno, intenso y que no le deje indiferente, que encuentre en alguno de los relatos algún pequeño reflejo de sí mismo o el de otras personas o cotidianidades que le rodean y que se haga preguntas.

  • Has comentado, incluso en el prefacio de tu libro, que no había ninguna intencionalidad inicial que unificara los relatos de tu libro cuando los escribiste. ¿Crees que nuestro inconsciente es tan «sabio» que de algún modo va marcando la andadura del escritor sin que él mismo lo sepa? ¿Hay temas recurrentes en un autor? ¿Y en tu libro?

Estoy segura de ello. De hecho a mí me ha ocurrido, pero no solo con este libro. Entre unos relatos y otros median meses de diferencia, momentos y situaciones diferentes de mi vida, pero, en cierta forma, es como si estos cuentos hubieran estado ‘condenados a encontrarse’ o esperando quizá, que yo fuese capaz de unirlos en un itinerario común, en un mismo paisaje repleto de contraposiciones y contrastes. Es como si cada vez que hubiera escrito alguno de ellos, hubiera creado un mapa mental que los iba entrelazando aunque se tratara de historias diversas.

Con respecto a las últimas preguntas, creo que en mi libro hay temas recurrentes y creo que en mi literatura en general también, aunque pienso que los temas que abordo son los comunes en la literatura: el amor, la vida, la muerte. Todo ello aderezado con su luz y su opacidad.

  • ¿Cuál dirías que es ese tema simbólico que engaza Relatos monocromáticos?

Creo que ese símbolo es la imagen. El paso de lo analógico a lo digital. Esa evolución, que implica el paso de un siglo a otro. Por ello, los relatos se desarrollan entre finales del siglo pasado y nuestro principio de siglo. Viajamos desde la guerra de Bosnia, hasta la pandemia.

  • ¿Crees que el mundo audiovisual ha marcado los relatos que conforman esta antología o es más la fotografía?

Creo que es el mundo audiovisual en general, por ello las dos secciones finales tienen un nombre relativo a este ámbito, pero también pienso que mundo parte del arte de la imagen, que se inició con la pintura y que fue tomando diversas formas hasta llegar al movimiento. Entre ambos puntos se encuentra la fotografía. Esta supuso un hito vital y se popularizó como forma de rescatar instantes de nuestra vida. Encarna nuestra lucha contra la desmemoria y el paso del tiempo. Ese deseo de preservar nuestra vida del olvido.

  • ¿Ves el mundo a modo de escenas? ¿Escenas estáticas o en movimiento?

Veo el mundo como un inmenso escenario pero en movimiento. Las escenas estáticas las utilizo solo para rescatar esa oscilación, ese vaivén. Son el nutriente de la ficción. Como dice una de las mujeres que aparece en mis historias, que asegura que nos movemos, queramos o no, «lo único que no se mueve es lo que no tiene vida». La vida continua siempre estemos nosotros o no y esto es algo que no debemos olvidar. La vida y la ficción se dan la mano.

  • ¿Cómo has dividido los relatos? ¿Cuáles son los apartados y a qué responden?

Los relatos están colocados en una escala monocromática, es decir de un solo color, haciendo alusión a la fotografía o el cine en blanco y negro y que va desde el Blanco al Negro en función de la luminosidad que encierra cada uno de ellos. El texto se divide en ocho secciones: Encuadre; Blanco; Digital o analógico; Escala acromática; Gradaciones; Negro; Fotogramas y Fundido en negro. Los primeros deben su nombre a la fotografía y los segundos al cine.

  • ¿El lenguaje, aunque ha sido de manera natural, se ha condicionado de alguna manera?

He pretendido utilizar, con independencia del tipo de texto, un lenguaje natural y cercano, pero está condicionado por las características del narrador o de la propia historia. Esto, por ejemplo, es muy evidente en la sección «Analógico y digital» que se divide en tres narraciones. La primera simbolizaría nuestra sociedad actual, nuestra época digital en la que tenemos exceso de todo, pero nos mostramos mucho más parcos en emociones o palabras, más sintéticos y escuetos, menos empáticos, mientras que en el último he incluido un enfoque más de leyenda o cuento infantil, lleno de matices, descripciones, emociones. Entre ellos, un texto que viaja a caballo entre estos dos mundos.

  • ¿Cómo influye lo cotidiano en tu escritura?

Me influye por completo. Creo que no hace falta crear grandes historias para tener una narración amena. Nuestra propia realidad, supera la ficción. Esto es para mí fundamental. Este libro está plagado de pequeñas y sencillas historias cotidianas, pero también he querido confrontar lo que cada uno entendemos por habitual o sencillo. ¿Lo “normal” o “usual” es igual para todos? Esa es la pregunta que le hago al lector y que me gustaría que se respondiera a sí mismo al final del libro. Si narrásemos nuestra cotidianidad, los primeros en sorprendernos seríamos nosotros. Cada uno de nosotros somos un gran libro de relatos repleto de historias dulces y amargas, de victorias y derrotas, de acontecimientos azarosos o inesperados o de hechos meditados. Somos los protagonistas de nuestra historia en la que vienen y van otros muchos y variopintos personajes. Por ello, Relatos monocromáticos lo que pretende reflejar es la vida, con sus estridencias, notas discordantes y claroscuros, pero que hacen del conjunto un todo armónico, una imagen de nuestra sociedad en los últimos años.

  • ¿Qué temas crees que hay presentes en Relatos monocromáticos?

Sobre todo son temas relacionados con las vivencias de nuestras últimas décadas, entre los que incluyo los conflictos externos al ser humanos, pero provocados por este, como son las guerras o la violencia social, pero también las confrontaciones familiares. Sin duda también el amor como espacio en el que guarecernos o el desamor como lugar para la huida, el dolor de la pérdida, la soledad, la belleza o la dureza del reencuentro, la enfermedad y la despedida, el azar y lo impredecible. En definitiva, nuestra fragilidad y la necesidad que tenemos de los otros, pero a la vez, la certeza de que, en realidad, vivimos en sociedades herméticas en las que cada vez sabemos menos los unos de los otros o somos menos solidarios y empáticos entre nosotros.

  • ¿Qué has pretendido transmitir con dichos relatos?

He pretendido enlazar historias que sean el reflejo de nuestras individualidades. Dar la imagen de una sociedad donde priman cada vez más los intereses particulares sobre los colectivos, donde los instantes ya no tienen tanto valor como lo tenían en la época analógica, porque ahora deseamos cada vez más y mejores cosas y, sobre todo, más deprisa, sin percatarnos de que es bueno disfrutar de cada instante, porque la vida es efímera, el mundo se mueve y que esto no es una frase de un libro de autoayuda, sino un hecho cierto.

Por otro lado, también que nuestros actos, nos guste o no, conforman esa sociedad que criticamos y hacen que esta evolucione de una u otra forma. Nuestros actos influyen en el exterior.

Además, una foto es solo eso, un momento estático, pero la vida se mueve, y no todo lo que se sale de esa imagen es malo, todo lo que queda oculto, lo que no se quiere mirar, por eso hay un espacio en mi libro para la discapacidad o la enfermedad, para la guerra, la violencia, porque es el espacio que ha de tener, no podemos estar al margen de todo eso.

Por poner un ejemplo, retrato una guerra que es fruto de las acciones del hombre, pero una mujer que busca a un hombre del que se enamoró en su ciudad natal, es capaz de cruzar el mundo para buscarlo y eso también es una acción humana. De esa manera, ese simple acto o el de las personas que se jugaron la vida por rescatar unos libros que eran sus raíces de una biblioteca en llamas en mitad de una contienda, nos muestran que no todo está perdido, que no todo desaparece aunque lo haya inflamado la llama más poderosa, que detrás de cualquier acto humano, por terrible que este sea, siempre hay otros hombres que con sus actos también son capaces de apagar cualquier incendio.