Versos para los que no se conforman con leer etiquetas.

Poemarios Recomendados Abril

Cuando leo un libro, lo hago porque algo en él me llama. A veces es el título, que me golpea como una frase dicha en el momento justo. Otras, la portada, que tiene algo que me recuerda a un sitio donde nunca he estado pero que, de alguna forma, reconozco. Y luego están esos libros que no elijo, sino que parecen elegirme a mí, los que abro sin expectativas y acaban quedándose conmigo más tiempo del que esperaba.

En este artículo quiero hablar de esos libros, los que no se limitan a contar algo, de aquellos que convierten una oficina en una trampa poética, un hueco en una metáfora de todo lo que falta, un insomnio en un refugio. Los que rompen con la idea de que la poesía es sólo belleza y demuestran que también puede ser rabia, memoria, grietas. Aquí hay versos que se escribieron para resistir, para gritar y, a veces, para hacer las paces con lo que duele.

Si alguna vez has sentido que ciertas palabras te recorren como un escalofrío; que hay poemas que parecen escritos para ti aunque no conozcas al autor, que algunas historias duelen porque de alguna forma ya las has vivido, sigue leyendo. Puede que estos libros también te elijan a ti.

«Haikus de oficina» – Daniel Riego

Haikus de Oficina

A cualquiera que haya pasado más de un año encadenado a una silla de oficina le basta con echar un vistazo a estos haikus para sentir el pellizco. El aire enrarecido de las jornadas infinitas, el café y tabaco que nunca despierta a nadie, el runrún de los fluorescentes como una especie de tortura blanca. Daniel Riego no viene a quejarse, tampoco a aleccionar. Se limita a lanzar dardos de tres versos con una puntería envidiable.

Cada poema es un fogonazo de lucidez. En pocas palabras, consigue retratar con humor e ironía un ecosistema que conocemos demasiado bien. Ahí está el empleado ejemplar, el que sobrevive al día a base de sonrisas de plomo, la secretaria que se ha convertido en una sombra más de la impresora, la euforia de un viernes que se cuela entre las rendijas del teclado. Y el jefe, claro. Siempre el jefe.

Hay carcajadas amargas en estos haikus. No son chistes, pero es imposible no leerlos con una media sonrisa, esa que aparece cuando alguien dice en voz alta lo que todos pensamos. Porque este libro no deja de ser un espejo, uno que devuelve una imagen más nítida de lo que nos gustaría.

Para leerlo en el metro, en la pausa del café o cuando el Excel amenaza con devorarnos. Da igual por dónde se abra, siempre hay un verso listo para hacer su trabajo: poner palabras a lo que hasta ahora solo se mascullaba entre dientes.

«Todo empieza por un hueco» – Óscar Cavadas

Todo empieza por un huecoUno abre este libro con la sensación de estar adentrándose en una casa vacía. Hay polvo en el aire, cuadros torcidos en las paredes y un silencio denso que lo llena todo. Óscar Cavadas escribe desde esa atmósfera, donde las ausencias pesan más que las presencias y la memoria se convierte en una especie de eco que resuena en los huesos.

La poesía que habita estas páginas no busca consolar ni endulzar nada. Se detiene en los espacios vacíos, en los huecos que dejamos y los que nos dejan, en las sillas que nadie ocupa y en los platos sin recoger. Hay versos que parecen escritos con tinta y otros con ceniza. La vida cotidiana aparece diseccionada con precisión quirúrgica: el armario que cada mañana ofrece una nueva piel que ponerse, la mesa puesta para cuatro, pero llena de sombras, el peso de los días que se mide en gramos de melancolía.

Nadie sale ileso de un libro así. Es de esos que obligan a hacer pausas, a mirar por la ventana y quedarse un rato en silencio. Cavadas no escribe para entretener, sino para abrir grietas. Y en esas grietas, entre versos que duelen y metáforas que arañan, deja espacio para que el lector se encuentre a sí mismo.

Ideal para quienes buscan algo más que palabras bonitas. Esto es poesía de la que deja marca, de la que sigue ahí cuando cierras el libro y apagas la luz.

«La deshora» – Jorge Cappa

La deshoraLos relojes marcan la hora que toca, pero hay un tiempo que va por libre, el de las madrugadas en vela, los recuerdos que no piden permiso para aparecer y las certezas que llegan cuando el mundo duerme. «La deshora» se mueve ahí, en ese espacio que no figura en los calendarios, pero donde todo sucede.

Jorge Cappa ha reunido en este libro un puñado de poemas que funcionan como pequeñas ventanas abiertas a la memoria, al amor que dejó huella y a la palabra como refugio. Su poesía tiene la cadencia de quien se detiene a escuchar el eco de los días y encuentra en él algo que merece ser contado. Hay versos que flotan entre el insomnio y la vigilia, imágenes que giran como ruletas y recuerdos que arañan con la insistencia de un reloj sin manecillas.

Aquí hay desarraigo, nostalgia y esa sensación de que algunas preguntas se quedan a vivir con nosotros sin encontrar respuesta. La ciudad aparece como un escenario de luces y sombras, con sus calles que laten al ritmo de quien las habita. Y en medio de todo, la poesía como una forma de anclarse a lo que se escapa.

Es un libro para leer sin prisa, dejando que cada poema encuentre su sitio en la cabeza del lector. Porque si algo deja claro «La deshora» es que hay verdades que solo se revelan cuando nadie las está buscando.

«Melodía del laberinto vivo» – Violeta Nicolás

Melodía del laberinto vivo

Violeta Nicolás convierte la dislexia en poesía y el error en un juego con el lenguaje. «Melodía del laberinto vivo» es un poemario que más que escribir sobre la confusión de las letras, las   abraza, transforma y las convierte en un espacio de creación. Leerlo es entrar en un territorio donde las palabras se deslizan, se cruzan y, de pronto, hacen clic de una forma inesperada.

Dividido en dos secciones, Espléndida esquina y Susurro prediario, el libro juega con el equilibrio entre lo personal y lo colectivo. Cada poema es un eco de identidad, de memoria, de amor y de esa conexión con el entorno que a veces pasa desapercibida. Aquí el texto se lee, se observa y se habita. La disposición de las palabras, los espacios en blanco y las variaciones tipográficas añaden capas de significado que obligan a mirar más allá de la superficie.

Hay versos que parecen escritos para quedarse rondando en la cabeza durante días. 

Esa capacidad de atrapar lo fugaz y convertirlo en algo imborrable es una de las grandes virtudes de este libro. La prosa de Violeta Nicolás es cercana, sin artificios, con una sensibilidad que convierte lo cotidiano en símbolo. Es capaz de darle peso a un abrigo, a un olor, a una palabra dicha a destiempo.

Además, la autora lleva la poesía más allá del español e incorpora gallego, catalán, euskera y valenciano. Esto es una clara declaración de intenciones: la lengua no es una frontera, es un puente. Y en ese cruce de sonidos y significados, el poema cobra aún más vida.

«Melodía del laberinto vivo» es un libro que deja huella. No es un ejercicio de estilo ni un juego formal, sino una invitación a ver el lenguaje desde otro lugar. Perfecto para quienes disfrutan de la poesía que se arriesga, que rompe moldes y que encuentra belleza en lo imperfecto.

«Poesía para valientes» – Cristina Pilar Martínez

Poesía para valientes

Cristina Pilar Martínez no viene a pedir permiso ni a endulzar la realidad. Su poesía planta cara, cuestiona y, sobre todo, reivindica. «Poesía para valientes» es un libro que late con fuerza en cada página, un canto a la resiliencia y a la autodefinición en un mundo que demasiadas veces ha intentado domesticar la voz femenina.

Desde el primer poema, la autora deja claro de qué va esto: de no agachar la cabeza, de tomar las riendas y de romper con esas narrativas que relegaron a las mujeres a un segundo plano. No hay concesiones ni medias tintas. Su poesía es un grito que hace eco y que invita a quien la lee a preguntarse qué historias propias ha dejado sin contar.

Más que una reivindicación personal, este poemario señala con precisión las grietas del sistema. 

El amor también se cuela en estos versos, pero no como un ideal romántico sino como un pacto entre iguales. En tiempos donde aún persisten las relaciones construidas sobre la dependencia, encontrar poesía que hable desde la libertad es un alivio.

Entre tanta fortaleza, hay espacio también para la vulnerabilidad, porque ser valiente no es solo alzar la voz, también es aceptar las cicatrices.

Y ahí está la clave del libro: la valentía de la que habla no es la del héroe que conquista, sino la de quien se enfrenta a sus propios miedos sin escapar. La verdadera fuerza está en mirarse al espejo sin disfraces y seguir adelante.

Este poemario es para quien ha tenido que reclamar su espacio, para quien alguna vez dudó de su propia voz y para quien necesita un empujón para seguir de pie. Cristina Pilar Martínez no escribe para gustar, escribe para sacudir. Y vaya si lo consigue.

«Yo, monstruos» – Santiago Expósito

Yo, monstruos.

Santiago Expósito Amaro no da tregua. En Yo, Monstruos, la poesía y la prosa se funden en una exploración feroz de lo que significa ser visto como un monstruo. No hay disfraces ni eufemismos, solo un desfile de figuras condenadas que hablan desde la herida abierta, desde el laberinto en el que llevan demasiado tiempo atrapadas.

Asterión, el Minotauro, maldice la soledad de su encierro, Marilyn Monroe resucita para contar su historia sin filtros, y entre mitos y celebridades caídas se dibuja un mapa de almas rotas que, a su manera, siguen buscando redención. Expósito Amaro juega con esas voces para mostrar que el verdadero monstruo no siempre es quien la historia señala, sino quien carga con la mirada de los demás sobre su propia piel.

El lenguaje es afilado y sin concesiones. Cada verso, cada frase corta como un cuchillo. No hay intención de embellecer la caída ni de disfrazar el dolor con metáforas suaves. Aquí los monstruos no piden disculpas ni buscan absolución. Se exponen con todas sus contradicciones, con la brutalidad de quien sabe que no hay salida.

Sin embargo, “Yo, Monstruos” es más que un libro sobre mitos y figuras trágicas. Es un espejo incómodo donde cualquiera puede reconocerse. ¿Quién no ha sentido alguna vez que carga con un estigma, que arrastra errores, que habita un cuerpo juzgado por otros? Expósito Amaro no señala ni absuelve, solo obliga a mirar de frente lo que tantas veces se prefiere esconder.

Este libro deja huella. Porque es imposible salir de él sin haberse cuestionado algo. Yo, Monstruos no pide que simpaticemos con sus criaturas, pero sí que nos preguntemos hasta qué punto las condenas que llevan a cuestas no son también las nuestras.

Por qué recomiendo estos libros

Mira, no soy de esas personas que te recomienda un libro solo porque está de moda o porque tiene una portada bonita (aunque, admitámoslo, a veces hay libros con portadas tan chulas que uno casi se olvida del contenido, pero no es el caso aquí). Estos libros son de los que te eligen a ti, como esos mensajes de WhatsApp que te llegan a las tres de la madrugada y no sabes si leerlos o ignorarlos… hasta que te sientes incómodamente identificado.

La poesía aquí no viene con la intención de suavizar el dolor o dar respuestas fáciles. Al contrario, son esos versos que te dan en el estómago, te hacen reír entre dientes y a veces te dejan pensando durante días. Son como ese café que tomas a las ocho de la mañana, con más amargor del que esperabas, pero con la suficiente potencia para seguir el día. Y si, por alguna razón, sientes que tu vida moderna no tiene más sentido que enviar memes y ver vídeos de gatos, estos libros te van a devolver un poquito de perspectiva. O no, pero te aseguro que al menos te vas a reír en el proceso.

  • «Haikus de oficina» – Daniel Riego: Para los que se han dado cuenta de que su vida laboral es como un ciclo sin fin de Excel, café de máquina y jefes que parecen salidos de una película de terror, pero con algo de humor para no caer en la desesperación.
  • «Todo empieza por un hueco» – Óscar Cavadas: Para los que están hartos de la frase «todo pasa por algo», y prefieren darle vueltas a los vacíos, las ausencias y esas pequeñas muertes cotidianas que nadie menciona, pero que todos sentimos.
  • «La deshora» – Jorge Cappa: Si eres de los que, cuando el reloj marca las tres de la mañana, se pone a reflexionar sobre la vida, los amores perdidos y la ciudad que te mira como si fueras un extraño, este libro es para ti. Poesía para esos momentos en los que todos estamos un poco fuera de horario, ¿sabes?
  • «Melodía del laberinto vivo» – Violeta Nicolás: Para los que no se conforman con lo convencional, que buscan algo que juegue con las palabras como si fueran piezas de un rompecabezas y se atrevan a mezclar idiomas como quien se lanza al vacío sin red. Si la poesía te parece una forma de romper las normas, este es tu libro.
  • «Poesía para valientes» – Cristina Pilar Martínez: Si alguna vez has sentido que la sociedad te quiere encasillar, te lo dice todo a través de influencers o «reflexiones de bar» y te has cansado de ser “políticamente correcto”, este libro te va a hacer dar un buen puñetazo sobre la mesa. Es poesía sin pelos en la lengua, para los que se atreven a ser valientes sin excusas.
  • «Yo, monstruos» – Santiago Expósito: Si alguna vez has sentido que el mundo te mira como si fueras un bicho raro o un «friki» en una peli de terror (y no precisamente el protagonista que salva el día), aquí tienes un libro que te hace sentir que, al menos, no eres el único monstruo en la sala.

Así que si te ha picado el bichito con alguna de estas recomendaciones, no dudes en darle una oportunidad a ese que te haya “calado en la mente”. No es que te vaya a cambiar la vida, pero seguro que te dejarán pensando un rato (y, de paso, leer un buen libro es mucho mejor que perder el tiempo mirando historias de Instagram, ¿o no?).