“En la clase política prima la supervivencia y normalmente se vende muy cara”

©Sara Fisher

Ajuste de cuentas, del periodista Alejandro López Mechado, narra las 24 horas previas a la crucial votación en un absorbente y misterioso thriller narrado de forma coral por diferentes personajes de distinto signo político

La novela es un oscuro y realista retrato sobre el clientelismo institucional, la corrupción y las cloacas de la política local

 

El sello Loto Azul acaba de publicar una nouvelle centrada en la política económica de un Ayuntamiento ficticio, Juárez, que no es otro que el alter-ego del ayuntamiento de Jerez de la Frontera, en Cádiz. El periodista Alejandro López Menacho ha enarbolado un áspero relato sobre el clientelismo institucional y las cloacas de la política local, en una novela polifónica que da un repaso a todo el arco politico. Charlamos con él sobre la publicación de su segundo libro y acerca del trasfondo del mismo. 

 

Para situarnos, díganos, ¿qué fue el plan de ajuste?

Explicado de forma breve, ciertos ayuntamientos de España, los más endeudados, tuvieron que equilibrar sus cuentas para ajustarse a lo que se le pedía desde el ministerio de Hacienda por ley (concretamente, la Ley de Estabilidad Presupuestaria) con el objeto de ser sostenibles e ir disminuyendo su deuda. Se les exigía aplicar un Plan de Ajuste económico para cumplir con una serie de ítems económicos en las diferentes áreas municipales. Y, en algunas ocasiones, estos reajustes económicos suponían fuertes recortes y despidos, fruto de la política austericida emprendida por Mariano Rajoy tras la crisis del 2008.

 

¿Por qué un libro sobre el plan de ajuste que sufrieron muchos Ayuntamientos con la Ley Montoro?

Pienso que más que un libro sobre un plan de ajuste o de índole económico, es un libro sobre el ecosistema politico de finales de la década pasada en los Ayuntamientos. Una fotografía de aquella España tan cercana. La fotografía de ahora, la actual, está ligeramente movida, pero es similar. No era mi intención escribir un libro económico, sino más bien puramente político, de los que apenas existen en España. El género de novelas políticas en las que se hablan de los partidos y sus controversias internas es prácticamente inexistente aquí en España, quizás porque son novelas difícil de editar. 

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En su novela realiza un retrato coral de la clase política donde no sale muy bien parada, pero,¿la realidad supera la ficción?

Por supuesto. La realidad es mucho peor; más burda, casposa y amarga. Lo que cuento en el libro al menos está aderezado con humor, pues no deja de ser una sátira. En la clase política prima la supervivencia y normalmente esta se vende muy cara. Las puñaladas políticas son transversales, desde la izquierda hasta la extrema derecha las ves volando buscando espaldas amigas y enemigas, sin piedad ni descanso. 

Dibuja la nueva generación política con defectos parecidos a la vieja clase política. 

Es que la historia rima; no digo que sea cíclica, pero rima. Tiene versos parecidos. Estoy bastante de acuerdo con una teoría que pulula por los mentideros que dice que la generación surgida del 15M (Podemos y los partidos similares) entendió la política en clave neoliberal, como una competición sin cuartel tipo “sálvese quien pueda y que gane el mejor”. Esa ha sido una de las grandes paradojas de la nueva izquierda, mientras que predicaba y demandaba cuidados, sensibilidad y democracia, en su seno interno se respiraba un ambiente darwinista y anticonciliador. 

Las puñaladas políticas son transversales, desde la izquierda hasta la extrema derecha las ves volando buscando espaldas amigas y enemigas, sin piedad ni descanso.

También desprende una visión crítica sobre el periodismo. ¿Ha perdido toda su función de control sobre el poder?

No; no. Para nada. A pesar de que me llevo regular, por decirlo suavemente, con mi gremio, creo que sigue teniendo una gran responsabilidad social y todavía puede servir como un arma eficaz de control y seguimiento democrático. Aunque es cierto que ha perdido mucho prestigio y respeto. Hoy el periodismo se vende por cuatro duros. Todo deriva de la dependencia de la publicidad institucional y de la precariedad más absoluta en la que los periodistas estamos sumergidos. Si tuviéramos condiciones realmente dignas habría un mejor periodismo, más honesto, realista y atrevido. 

Si acaso se ve un atisbo de integridad en algunos personajes de la ciudadanía, ese camarero por ejemplo, ¿quiere decir que la esperanza vendrá de fuera?

El camarero está muy idealizado, precisamente porque quería que así fuera; que hubiera una parte de todos nosotros en el libro. Necesito creer en una clase trabajadora honesta, crítica y entrañable. El otro día lo leyó un amigo mío que trabaja en la hostelería y me dijo que no sabía si reír o llorar por la similitudes con la vida real. Siempre he tenido, desde pequeño, un enorme respeto a las personas que trabajan detrás de la barra.  

Me gustaría que hubiesen lectores furtivos, de otras ideologías políticas, intrigados por mi novela que tienen mi libro en su casa y al que meteran fuego una vez lo hayan leído en el más absoluto de los secretos. 

Habrá quién compare su retrato con su ciudad de origen, Jerez de la Frontera, ¿cree que puede molestar a alguien su relato?

Por supuesto que sí. Ten en cuenta que el relato tiene personajes que, aunque están ficcionados, están basados en personajes reales. Hay frases literales sacadas de las ruedas de prensa. Yo creo que molestará, en diverso grado e intensidad, a todo el espectro ideológico, incluído mi antiguo partido. Pero también creo que habrá quien, incluso siendo muy cercano al relato, se eche unas risas con mis ocurrencias. Me gustaría que hubiesen lectores furtivos, de otras ideologías políticas, intrigados por mi novela que tienen mi libro en su casa y al que meteran fuego una vez lo hayan leído en el más absoluto de los secretos. 

Tiene incluso la desfachatez de crear un personaje, periodista, que se parece sospechosamente a usted.

Me parecía divertido que todos los personajes del libro fuesen reinventados y/o tuvieran nombres falsos, y sólo el mío tuviera el nombre y los apellidos reales. Además, mi personaje es un tipo odiado tanto por los partidos como por compañeros de gremio, y eso sí que está muy cercano a la realidad. Afortunadamente, la vida no es solo el periodismo y la política, hay mucho más y por ahí me escapo.  

Pese a todo lo que se ve en esas 24 horas, Luna Trenados, la decisora del sentido del voto del plan de ajuste, se siente confiada y tranquila. ¿Quiere decir que en el fondo hay esperanza?

Por un lado se trata de un mensaje esperanzador de cara a un final muy sui géneris y, por otro, es una prolongación de lo que yo siento cuando hay una crisis política y hay que decidir algo relevante: siento que si volvemos a los orígenes del 15M: democracia, transparencia, igualdad y “una persona, un voto”, entonces no tenemos nada que temer de nuestras decisiones. Pero la tranquilidad te la da el proceso decisorio. Si todo está decidido de arriba hacia abajo, entonces personalmente no podría estar demasiado tranquilo.   

¿Qué aprendió de su paso por la política de partidos?

Uff, vaya pregunta. He aprendido que en la política todo va muy rápido y apenas hay pausa. El mundo sigue y las exigencias en primera línea también. Si pierdes un tren o te quedas dudando, estás fuera. Y todo es de cartón-piedra, hasta las amistades. Yo, en parte, me alegro de haberme retirado, pero también echo de menos el nervio de intentar cambiar las cosas desde dentro, a lo Josh Lyman y Toby Ziegler en The West Wing. Sigo creyendo, aún desde mi destierro, en la fuerza de la palabra y el poder de la democracia, por muy ingenuo que pueda parecer.