Entrevistamos a la psicóloga y escritora Eva Monzón

Eva Monzón: «Los secretos nos dicen más de nosotros mismos de lo que quisiéramos».

Entrevistamos a Eva Monzón que nos habla de su última novela ‘El día a día’ (Sargantana). Nacida en Santander, Eva Monzón pasó la infancia en Palma de Mallorca y actualmente vive en Valencia donde trabaja como psicóloga clínica y jurídica. Ha publicado Tiempo Muerto (Bartleby editores), Entreactos (premio Alfonso el Magnánimo, editado por Algar), tradujo el diario inédito en España que llevó Steinbeck paralelamente a su obra: Diario de una novela; las cartas de Al Este del Edén; su cuarta novela, Errantes, fue editado por Paréntesis Editorial en su primera edición y con Sargantana en su segunda. Tiene escrito el guion cinematográfico de Entreactos, y cinco cortos, varias obras de teatro, entre ellas, Lo que no se quiere recordar, El jurado, El descubrimiento, y con La pelea ganó el certamen de Crono Teatro, publicado en Estreno. Colaboró en la biografía de Joaquín Navarro, uno de los protagonistas de la matanza de Atocha. Publica relatos y poesía en varias revistas y antologías, entre ellas, A la lluna de las lletras, En legítima defensa, Al otro lado del espejo.

‘El día a día’ es una historia sobre la familia, las decisiones y la capacidad de adaptarse a los reveses del destino, ¿cómo llegó a ti la idea para escribirla?

En realidad lo que quería contar es  la facilidad con que se desvía la vida de uno, lo sencillo de que un destino cambie por causas ajenas al mismo destino inicial, y que al hacerlo, se trastoca todo; no solo la vida descarrilada, sino las demás, porque al situarla de nuevo, se encuentra con gentes y lugares que jamás habría encontrado sin ese cambio primero: fue para mostrar esta reflexión para lo que recurrí a mis personajes, a esta familia desperdigada con su rumbo modificado.

El lector advertirá pronto que no hay capítulos ni los convencionales signos de dialogo para estos, es una narración continua y a la vez en pequeñas teselas para que aquel vaya configurando el conjunto de la historia. ¿Por qué te decidiste por este recurso formal?

Pensé que esa estructura, la técnica fragmentada en la narración, era la mejor para contar las historias rotas de los protagonistas, donde el lector ha de ir montando el puzzle de esas vidas hechas añicos, de este modo, se puede narrar mucho sin tener que explicar de un modo, quizá demasiado largo, cada uno de los recorridos, con la ventaja de poder jugar con el tiempo y el espacio.

Además del tema de la familia, también está presente la infancia, esa particular visión de los niños del mundo que les rodea, háblanos al respecto al hilo del argumento de esta novela.

El mundo de la infancia es el universo que todo adulto ha perdido pero reconoce en la mirada del niño, siempre sobrepasada por una rutina incomprensible que les supera: es absoluta. Su modo de entender las cosas  roza la magia y suele tener una lógica aplastante, ven con ojos inexpertos y aceptan lo inaceptable con naturalidad. En esta novela, esa visión es necesaria para meternos en un mundo crudo donde nada es ya lo que era, y de donde hay que sobrevivir.

Como psicóloga me gustaría que nos comentases  un concepto cuando no un personaje en muchas novelas: el de la muerte; la presencia de esta entre los protagonistas. Sigue siendo un tabú aún hoy en día, en ‘el día a día’ de la mayoría de los mortales, y que quizá en el arte, en la literatura, se amolda a diferentes miradas y actitudes por los personajes de ficción.

La muerte es muy literaria, efectivamente, es parte de la vida, por lo tanto del arte. El modo en que se afronta el hecho de que vamos a desaparecer nos define a nosotros, a las historias, al Arte: es lo que da sentido a todo, lo que nos hace inmortales. Es la gran paradoja.

Más allá de la subjetividad propia de cada lector, he percibido junto a algunos temas ya comentados antes el de los secretos, el desgarro emocional, la lucha contra la pérdida de identidad o la culpabilidad, ¿es así?

Los secretos, lo que ocultamos, nos dicen más de nosotros mismos de lo que quisiéramos, siempre nos acompañan; es parte de la identidad, que en este caso, al tratarse de niños, han de aferrarse a ella para no desaparecer, para entender quiénes son, lejos de quienes eran, de ahí han de crear otras vidas siendo, sin ser ya, ellos; el cómo lo hagan traerá o no la culpa, aunque pocos se libran de ese sentimiento; al mirar atrás quién no querría haber hecho algo diferente. Esa falta de identidad, donde uno es, sin ser el que era, se puede ver muy bien en los refugiados.

 

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