Pedro J. de la Peña, una vida por y para la poesía

Para el autor la poesía no era sentir, era hacer sentir. «Creo que el poeta es el ser que está más cercano a un milagro, puesto que es puro azar el que llena su imaginación y su corazón de palabras inesperadas».

 

El reconocido poeta y escritor, Pedro J. de la Peña, ha fallecido en Valencia a los 79 años tras una larga enfermedad.

Profesor titular de Literatura Española Contemporánea, compaginó la docencia con una prolífica carrera como escritor, tanto en narrativa como en ensayo, pero fue en la poesía donde encontró su pasión y donde ganó algunos de los premios más prestigiosos: el Ausias March  por Círculo del amor, accésit del Premio Adonais y  Premio de la Crítica de la Comunidad Valenciana por Teatro del sueño, el Premio Ciudad de Valencia, por El soplo de los dioses, el Premio Ciudad de Irún por Corpus ecológico, el Premio Nacional de Poesía José Hierro con La zarza de Moisés, etc.

Para Pedro la poesía no era una elección, sino una imposición. “No se puede querer ser poeta, sino que se es o no se es dado que la poesía supone un don que no pertenece a nuestra voluntad”. Ese don que también le parecía una condena “ya que la poesía nos eleva mientras nos visita, pero también nos entristece cuando se va, es a la vez un don y un castigo”.

Junto a la música, la consideraba la más sublime de las artes y la amaba por encima de todas las cosas “no porque espere nada del futuro y menos cuando tampoco lo he logrado en el presente, sino por la magia cierta y verdadera de que el rayo me tocó varias veces en la frente y asistí estupefacto a que esa palabra que se resistía, esa rima que no llegaba o ese final imponderable, se convierte de pronto en terreno allanado y se hace posible lo imposible. Por un instante estás en el Olimpo de ti mismo. Llegas al borde del mito y del milagro. Trasciendes tu propia intrascendencia humana y sientes que te visita algún dios invisible”.

Siempre decía, a quien quería oírle, que la poesía no busca la belleza, sino la emoción. “Puede ser bella pero también terrible. Su código lingüístico es por eso ajeno a la racionalidad, hay poemas que no dicen nada y sin embargo conmocionan”.

 

Poética del frío

La antología Poética del frío (1970-2018), de nuestra colección “Vuelta de tuerca” su última obra que vio la luz, hace un repaso a todos sus libros de poesía y se detiene en algunos de los poemas más bellos que ha ido gestando a lo largo de su vida. Temas como el tiempo, el amor, la muerte, la belleza, la religión o los caballos, son recurrentes en esta antología.

Como ejemplo, y homenaje, queremos poner este poema “Lo inaccesible”, dedicado a otra de sus grandes pasiones, los caballos, sus adorados compañeros de vida.

Hemos llegado aquí

adonde el viento comparece y grita,

donde ni tren ni avión pueden traernos,

donde la piedra cae sobre el abismo

y un valle angosto y perdidizo nos espera.

Descendemos a pie la barrancada.

Llegamos hasta el río y a los chopos.

Hay miles de lugares donde atarte,

pero dejo las riendas en tu cuello

y tú, libre, me sigues a la orilla.

¿Acaso es esto la sabiduría?

El agua es turbulenta y la miramos

y escuchamos su borbotón amenazante.

Y yo me adentro y tú te adentras

detrás de mí y relinchas,

quién sabe si de gozo o de advertencia

por un ciego peligro imprevisible.

Pero juntos llegamos hasta lo inaccesible.

Y yo acerco mi mano hasta tu boca

y tú la besas…

¿No es compartir el miedo y la belleza

el mejor pacto de una amistad eterna?

 

Descansa en paz querido Pedro J., amigo, escritor y, por encima de todo, poeta.