Yolanda León, Los límites de su consentimiento

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Yolanda León nos habla de Los límites de su consentimiento

Una novela histórica y erótica

Yolanda León se lanzó a escribir Los límites de su consentimiento (Phoebe) casi sin pensarlo, fue una reacción a las novelas eróticas que tan de moda están y a la imagen de la mujer que muchas de ellas ofrecen. Es una enamorada de la época en la que ambienta la novela y decidió darles a sus personajes esas referencias históricas. Una etapa dura de la historia de la Comunidad Valenciana, una mujer valiente y un hombre desalmado, son las piedras angulares de esta novela erótico histórica que regala momentos muy especiales a sus lectores.

Yolanda León se enfrenta a los estereotipos del género con esta novela, pero mejor que nos lo explique ella misma. Ahí van las preguntas y sus respuestas:

¿Cómo surgió la idea de escribir está novela?

Aunque lo han publicado bajo el sello de la novela romántica, Los límites de su consentimiento, no es una novela romántica, más bien una novela anti romántica porque he intentado romper con los estereotipos a los que estamos acostumbrados a leer en novela romántica, de hecho, esta historia surgió como un cabreo por mi parte hacia el tipo de relación y hacia el tipo de mujer que vendían historias como 50 sombras de Grey, por ejemplo. Donde todo es maravilloso, todo está edulcorado. Él es un multimillonario famoso que te somete a todo tipo de vejaciones y tú te dejas porque estás enamorada y como luego te compra unos zapatos o te lleva de viaje vuelve a ser el hombre de tu vida. Eso me enfadó tanto, ese prototipo de mujer que nos estaban vendiendo sin personalidad y que se sometía a todo por amor, a este galán materialista entre comillas, este prototipo machista, que me salió la historia de una mujer que no tuviera más remedio que someterse a un hombre pero porque las circunstancias le obligaban a ello y así fue como surgió el personaje de Isabel de Corverán, la protagonista de esta novela.

1707

Está ambientada en 1707 durante la quema de Xátiva que yo considero un episodio dramático y crucial dentro de la Comunidad Valenciana. Ocurrió después de la batalla de Almansa, las tropas de Felipe V entraron en tromba en el reino de Valencia y no encontraron ninguna oposición, excepto en Xátiva donde se había apostado las tropas portuguesas e inglesas. Durante varias semanas estuvo resistiendo el asedio hasta que ya no tuvo más remedio que claudicar. Felipe V decidió dar un escarmiento para servir de ejemplo y que nadie más osara oponerse a su autoridad. Ordenó la quema de la ciudad y el saqueo durante diez días, salar las tierras para que nada creciera allí durante varias generaciones y la expulsión de sus habitantes, incluso cambiar el nombre a la ciudad por San Felipe. Hasta el siglo XIX no recuperó su nombre.

Isabel de Corverán

En medio de ese desastre, encontramos a Isabel de Corverán que es la señora de Corverán una de las pedanías cercanas a la ciudad arrasada. Allí tenían industrias de la seda e Isabel daba cobijo a mucha gente, además de sus trabajadores y sirvientes, también vivían en la casa muchos exiliados de la ciudad. De pronto, se encuentra a las puertas de su casa con más temido de los oficiales de caballería borbónicos, el coronel Armand de Sillègue que tenía una terrible fama de hombre cruel y sanguinario. La intención es alojar allí sus tropas durante una semana, durante el tiempo que va a durar el incendio y el saqueo. Frente a esa tesitura, ella tiene dos opciones: enfrentarse a él y sufrir las mismas consecuencias que está sufriendo su ciudad o someterse de buen grado e intentar ver cómo sale de la situación. Ella opta por la segunda opción.

Juego psicológico

Ofrece de buen grado todo aquello que de otro modo sabe que va a ser tomado por la fuerza y ahí es como arranca la historia. Entonces, él si bien en un principio piensa en alojar a sus tropas, al ver la buena disposición de ella empieza un juego psicológico para ver hasta donde es capaz de llegar, a dónde llegan sus límites y ella va cediendo porque no tiene más remedio que someterse y ahí empiezan esas siete noches en las que ella se tiene que someter a todos los deseos de Armand, pero no desde una posición de víctima sino desde la posición de una mujer fuerte que no tiene más remedio que aceptar su destino y va aprendiendo mientras tanto.

El poder del sexo

Ella va buscando la forma de poder vencer a su enemigo. Ella descubre que el sexo puede ser placentero, frente a lo que se le ha enseñado: para ella el sexo era un tabú, un pecado, solo un medio para concebir; pero ella descubre que el sexo puede ser placentero para ella y además un arma a utilizar contra su enemigo. Así, Isabel que es la que lleva toda la carga narrativa, es un personaje que va evolucionando a lo largo de todo el libro con todo lo que va aprendiendo; descubre hasta dónde puede llegar, a ser consciente de su propio poder.

A debido ser difícil mantener el tono, no sólo por el rigor histórico que exige la historia, sino porque la protagonista siente una atracción brutal por su verdugo; es un terreno muy pantanoso a todos los niveles…

Claro, es una relación de deseo-pasión-odio verdaderamente no hay romance y lo que sí que hay es deseo. Ella desde un principio sí que siente una fascinación por el diablo, Armand está inspirado en ese villano de película, que todas hemos deseado alguna vez, que nos ha resultado más atractivo incluso que el héroe. Ese diablo seductor y a la vez malvado al que deseas cortar el cuello pero que a la vez deseas en tu cama. Por eso, ha sido complicado y a la vez fascinante meterse en la piel de Isabel con esa dualidad de sentimientos enfrentados.

¿Cómo ha sido tu proceso creativo?

Soy una gran apasionada de la historia, el siglo XVIII; me apasiona e incluso soy recreadora histórica de la guerra de secesión, es una época que recreo. Además, me he documentado bastante sobre todo de los usos de la época: cómo era una casa entonces, la manera de pensar, la manera de actuar, la manera de hablar. Mis personajes no hablan como lo harían en el siglo XVIII pero tampoco utilizo un lenguaje moderno; he intentado buscar ese equilibrio y toda la parte histórica recrearla con pinceladas, pequeños detalles que metieran al lector en el ambiente pero sin cargar las tintas. Por ejemplo, qué tipo de muebles tenían en una casa de esas características en esa época, qué tipo de instrumentos se tocaban, me gusta cuidar esos detalles. En ese punto intento que nadie me pueda poner la cara colorada por poner un piano en 1707 cuando se inventaron casi un siglo después, por ejemplo.

¿Y qué es lo que más te ha costado?

Pues aunque te parezca mentira las escenas de sexo porque siempre te cuesta escribir ese tipo de cosas y verdaderamente soy una persona bastante tímida en mi vida real y hay escenas bastante duras de escribir. Unas cuantas escenas que si empatizas con el personaje de Isabel resultaron duras de escribir y creo que los lectores van a darse cuenta de qué escenas son. Sufres con el personaje y a la vez son las escenas que la hacen a ella crecer y la hacen a ella ser capaz de encontrar esos puntos débiles.

¿Qué te gustaría que pensara el lector cuando acabe de leerla?

Pues que ha leído algo diferente sobre todo eso; yo he intentado romper el prototipo de novela romántica, como ya te he dicho no he pretendido escribir una novela romántica ni la considero una novela romántica; yo he pretendido que el lector se quede con la imagen de esa mujer fuerte que se tiene que someter a un hombre porque no tiene más remedio, pero que a la vez sigue siendo fuerte por dentro y que en ningún momento cae en ese romanticismo pasteloide. Es una mujer de ideas claras, es una mujer que pese a ser una mujer del siglo XVIII tiene muy claro lo que quiere y me gustaría el lector se quedara con esa imagen, de esa mujer que es capaz de todo por proteger a los suyos y a sí misma y que es capaz de aprender a usar las armas que tiene de la mejor forma posible.

 

 

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